¿Implantes dentales a 222€? ¡¡ANDA YA!!

Lo que en realidad esconden las ofertas de implantes “aparentemente” sin competencia

A diario estamos confrontados a estrategias publicitarias que consisten en atraer nuestra atención mediante ofertas “gancho” que a la hora de la compra poco o nada tienen que ver con las condiciones de la oferta inicial.

En cierto modo, aunque que nos resulte irritante, acabamos asumiendo y aceptamos a nuestro pesar que esta dudosa práctica de la letra pequeña se esté extendiendo para la promoción de servicios o productos de consumo.
Sin embargo cuando esta práctica se empieza a utilizar también en el ámbito medico sanitario, un sector que se fundamenta en la ética profesional y el cuidado de la salud ajena, a la irritación inicial es normal que se le una también una cierta preocupación.

El colmo ya reside en el caso de los implantes dentales y del contenido de algunas campañas publicitarias orquestadas por ciertas compañías, para lo que ya sólo se me ocurre un calificativo: profunda incredulidad.

Por algo será que España es el único país en el que estas prácticas mercantilistas son permitidas en el sector de la salud, como lo es en este caso la odontología. Con esto no me refiero solo a la publicidad en sí, habitualmente prohibida en la mayoría de países europeos, sino a la ambigüedad intencionada de las campañas.

Afortunadamente a estas alturas cada vez más pacientes son conscientes de que, mientras que  cuando hablamos de implantes dentales nos referimos obviamente a una prótesis completa, los “implantes” ofrecidos aparentemente a “precio de ganga” en ciertas campañas publicitarias, se refieren solamente a la RAIZ ARTIFICIAL, básicamente una intervención que no sirve para nada si no viene acompañada por la corona (es decir el diente en sí), que según la letra pequeña del presupuesto el paciente debe de pagar aparte.

Una práctica mercantilista que sin duda poco tiene que ver con el Juramento Hipocrático.

El problema para el resto de la profesión no sólo reside en el mensaje de dichas campañas, que obviamente confunden a los pacientes sino también en su gran difusión, obligando al resto de profesionales a explicarles la substancial diferencia una y otra vez a sus propios pacientes. Un proceso engorroso y desagradable pero que se ven obligados de llevar a cabo para mantener intacto el grado de confianza de sus pacientes.

Frente a este nuevo fenómeno, solo nos podemos hacer una pregunta: ¿como pacientes, deberíamos confiar, y poner nuestra salud bucodental en manos de entidades que recurren a este tipo de prácticas y a la llamada letra pequeña para atraernos a sus clínicas?

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