La caries ¿eslabón débil de nuestro sistema inmunitario?

A pesar de su apariencia más bien inofensiva, la caries marca en realidad el inicio de un proceso de deterioro de tejidos bucodentales que progresivamente va afectando al resto de nuestro organismo y a nuestro sistema inmunitario, contribuyendo con el tiempo a hacernos más débiles frente a cualquier enfermedad.

La boca es con diferencia la principal puerta de acceso de bacterias y gérmenes a nuestro organismo. Sólo en este vestíbulo residen más de 300 especies distintas. Obviamente su presencia es normal y no conllevan ningún riesgo específico para nuestra salud, ya que la saliva se encarga protegernos contra el exceso de bacterias dañinas y de combatirlas en la misma puerta de entrada. Ante este bombardeo constante de bacterias, la saliva necesita mantener sus propiedades intactas, para poder seguir neutralizándolas debidamente.

Sin embargo, con el tiempo algunos factores afectan a la calidad de la misma y reducen su eficacia. Las bacterias, que se adhieren al diente, se vuelven más agresivas, atacan el esmalte y lo desmineralizan. La primera consecuencia de este proceso es la aparición de caries, que representa el primer síntoma de desequilibrio bacteriano en la cavidad bucal.

Clasificada como la cuarta plaga mundial por la organización mundial de salud (OMS), la caries, más allá de una simple patología, representa sobre todo una señal de alarma a tomar en serio, ya que indica claramente que el enemigo está a las puertas.
Y como podremos a comprobar, no se trata de un enemigo cualquiera…

EL ENEMIGO SILENCIOSO

La caries y la enfermedad periodontal indican el inicio de un proceso de destrucción de tejidos que actúa como “salvoconducto” para facilitar a bacterias dañinas y gérmenes el acceso al organismo a través del aparato digestivo. De allí, estas pasan al torrente sanguíneo, a través del cual pueden alcanzar cualquier parte del organismo, incluyendo órganos, células y tejidos.

No sólo el aparato digestivo, sino también los órganos vitales como los riñones, el hígado, el páncreas, el corazón, los pulmones, así como el cerebro, los huesos, el sistema nervioso pueden verse afectados, como lo demuestran estudios recientes, que relacionan estrechamente las enfermedades periodontales con la aparición y la progresión de enfermedades más graves, como enfermedades cardiovasculares, diabetes, ciertas enfermedades respiratorias, óseas o neurodegenerativas, así como con ciertos tipos de cáncer.

Los resultados de estos estudios nos obligan a plantearnos si las caries y la placa bacteriana, a las que muchas veces no prestamos mucha importancia y dejamos desatendidas, no constituyen en realidad el eslabón débil de nuestro sistema inmunitario y de nuestra salud general.

UNA BUENA SALUD EMPIEZA POR LA BOCA

Esta relación causa-efecto es la razón por la que en los últimos tiempos, venimos observando una mayor colaboración entre la odontología y los demás campos de la medicina, como lo demuestran los acuerdos firmados entre la Sociedad Española de Periodoncia (SEPA) y la Sociedad Española de Cardiología (SEC), la Sociedad Española de Diabetes (SED), la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) o la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), por ejemplo.

Sin duda, esto es sólo el inicio y esta tendencia deberá incrementarse en los próximos años, ya que los profesionales de la salud son cada vez más conscientes de que los problemas dentales, además de hacernos más proclives a desarrollar enfermedades, también influyen en la capacidad de respuesta del organismo frente a los tratamientos que ofrecen a sus pacientes.

El incremento en este tipo de colaboraciones también es debido al hecho que, tanto las enfermedades como sus tratamientos respectivos suelen tener, a su vez, un impacto negativo sobre la salud bucodental de los pacientes.

Esto es comprensible si tenemos en cuenta que, en realidad, la saliva no es otra cosa que es sangre filtrada, de la que se retienen los glóbulos rojos, puestos que los necesitamos en las venas y no en la boca.

El calcio, las hormonas y los anticuerpos llegan a la saliva desde la sangre, por esta razón, si ésta no dispone de todas sus propiedades inmunológicas, es probable que la saliva también se vea afectada en su lucha contra las bacterias, alimentando así un circulo vicioso que conviene romper cuanto antes mejor, por las consecuencias que hemos visto anteriormente.

PREVENCIÓN VERSUS RESTAURACIÓN

Para hacer frente a esta realidad y poder satisfacer las necesidades reales de pacientes y población, cada vez más odontólogos, hasta ahora más volcados en la restauración que en la prevención, entienden a su vez la imperativa necesidad de cambiar de paradigma y modificar el orden de sus prioridades.

En primer lugar, porque el problema fundamental no está en la caries en sí, o en las patologías bucales, sino en los factores que han posibilitado y fomentado su desarrollo, como la calidad de la saliva, por ejemplo, que seguramente ya no está en condiciones de protegernos frente al exceso de bacterias dañinas.

Por esta razón, limitarse a tratar la caries, como es habitual, sin preocuparse de las razones por las que se ha producido una bajada de calidad de la saliva no es suficiente, ya que el problema patológico no sólo subsistirá sino que se volverá a reproducir inevitablemente en cualquier parte de nuestra boca.

En segundo lugar, porque aunque la caries es una señal de alarma, no deja de ser una señal tardía, ya que implica una destrucción de esmalte y tejidos que podemos evitar gracias a métodos de detección precoz de los que disponemos hoy en día, que permiten anticiparnos y prevenir su aparición.

ANÁLISIS DE SALIVA PARA LA DETECCIÓN PRECOZ DE PATOLOGÍAS

Todos tenemos unas características propias, que nos hacen más o menos proclives a desarrollar caries y enfermedades periodontales.

Sin embargo, más allá de los factores genéticos, de las prácticas de higiene, de la alimentación o del estilo de vida, la posibilidad que ofrece hoy la ciencia de poder medir, a través de un simple análisis, la calidad y el PH de nuestra saliva para averiguar si nos está ofreciendo la protección esperada, resulta fundamental.

Esto supone un gran avance para la odontología porque permite elaborar un perfil de susceptibilidad para cada paciente y diseñar un plan de prevención personalizado que contribuya a optimizar las propiedades inmunológicas de su saliva, controlar posibles patologías de cara al futuro y frenar el acceso de bacterias potencialmente dañinas al organismo.

Los resultados logrados con este enfoque son particularmente alentadores, viéndose, además, potenciados por una nueva generación de selladores, geles y barnices, frutos de la investigación médica y de la nanotecnología, y que permiten no sólo proteger sino incluso remineralizar los dientes.

En el seno ADECOA trabajamos desde el convencimiento que la odontología debería mantenerse lo más fiel posible a su vocación médica y que, en este sentido, la cultura preventiva, centrada en la salud y la calidad de vida de los pacientes, es la que debería prevalecer sobre todas las demás.

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